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Portada de «Bécquer en París», de Miguel Lago
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Bécquer en París

Miguel Lago

Espasa · Novela

Publicación: 28 de enero de 2026

Ver en Espasa planetadelibros.com

Datos de la edición

ISBN
978-84-6707-973-9
Páginas
456
Formato
Rústica con solapas
Medidas
15 × 23 cm
Colección
ESPASA NARRATIVA

Descripción de la editorial

Cuando en Madrid hace frío, hace frío de verdad. Aquel invierno de 2003 estaba siendo especialmente… Leer más

Cuando en Madrid hace frío, hace frío de verdad. Aquel invierno de 2003 estaba siendo especialmente duro, hasta el punto de registrar una de las mayores nevadas que se recordaban en la capital. En lo que apuraba un café con leche a punto de ebullición, Antonio Izaguirre miraba su reloj con nerviosismo: los minutos no avanzaban y la preocupación iba en aumento. Nunca había sido hombre de conflictos, su principal objetivo en la vida era estar tranquilo, lo cual contrastaba enormemente con su oficio de policía y lo convertía en blanco de más de una broma de sus compañeros quienes, entre otras lindezas, lo llamaban bajagatos».

Para Izaguirre, la convivencia con sus colegas era complicada, ya que era de aquellos que pensaban que el camino correcto era servir a los demás. Cuando dijo a sus padres que quería ser policía, a ellos no los sorprendió; a fin de cuentas, conocían bien a su hijo y sabían cómo le había afectado que los atacasen a punta de jeringuilla, algo que formaba parte del Madrid de la década de 1980 como el mismo oso y el madroño de la Puerta del Sol.

Volvió a mirar el reloj, su cita se retrasaba unos minutos y la noche ya era cerrada. Tiró el vaso de plástico en una papelera y se apoyó de nuevo en la pared con las manos en los bolsillos. Era bastante inusual estar a esas horas en el mismo centro de Madrid, pero si era el lugar elegido, pues tendría sus razones.

Una vez más tenía claro que no quería discutir, bastante incómodo era tener que pedir explicaciones y mucho más la posibilidad de que dichas explicaciones no fuesen lo bastante convincentes para dejar pasar algo de tal gravedad. «Estoy seguro de que todo tendrá una razón de ser, seguro que lo he interpretado mal», pensó, tratando de calmarse y de buscar una justificación a lo que llevaba tiempo rondándole la cabeza.

Los minutos pasaban y ya eran más de las once de la noche. Aquel callejón que atravesaba una de las principales calles del centro era un lugar ajeno a cualquier mirada; la escasa iluminación y la casi nula existencia de portales provocaba cierto desasosiego. Cuando por fin vio a dos hombres que se acercaban, a medida que lograba fijar la vista, no tardó en reconocer a Puente, su compañero y la razón de su cita fuera de «horas de servicio». Al que lo acompañaba era la primera vez que lo veía y le llamó la atención su corpulencia. «Seguro que tiene un motivo para venir acompañado», pensó. Saludó con la mano y caminó unos metros hacia ellos. El silencio imperaba en aquella callejuela. En unos pocos metros, estuvo junto a Puente.

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