◀ Volver

Portada de «Desvarío y fórmulas», de María Cegarra Salcedo
CompartirPublicar en X

Desvarío y fórmulas

María Cegarra Salcedo

Ediciones Torremozas · Poesía

Publicación: 2026

Ver en Ediciones Torremozas torremozas.com

Datos de la edición

ISBN
978-84-7839-970-3
Páginas
196
Colección
Colección Torremozas

Descripción de la editorial

María Cegarra Salcedo (La Unión, 1899-Murcia, 1993), científica y poeta, fue una figura pionera que… Leer más

María Cegarra Salcedo (La Unión, 1899-Murcia, 1993), científica y poeta, fue una figura pionera que supo habitar dos mundos aparentemente irreconciliables: la química y la poesía. Tras convertirse en 1928 en la primera perita química de España, compaginó su trabajo entre tubos de ensayo y patentes industriales con una profunda vocación literaria. Desvarío y fórmulas, publicado en 1978, es el fascinante reflejo de esa doble mirada.

En sus páginas, Cegarra toma prestado el lenguaje preciso de la ciencia para acercarse, con una tensión que recorre toda la obra, a aquello que escapa a la química. Las «fórmulas» remiten al orden y al método; el «desvarío», en cambio, abre la puerta a la libertad y a la imaginación, dando forma a una voz poética honesta y cercana. Esta edición, preparada por Raquel Hernández Gómez y Belén Sánchez Fernández, incorpora además una selección de poemas relacionados con Desvarío y fórmulas —algunos de ellos inéditos—, así como dos artículos de la propia autora y un texto de la escritora Carmen Conde. Se completa con un valioso anexo fotográfico y documental.

En las faldas pétreas del faro

había enterrada una monja.

Ahogada en el naufragio de «El Sirio».

Dicen que era joven, delicada, bella.

Intacta la devolvía el mar, pero muerta.

Angélica gaviota en la tela del agua.

Nadie preguntó por ella.

Nadie vino a buscarla.

La piedad de los hombres de la mar,

la depositó en la tierra,

sin llanto y sin nombre.

Serían el faro y el monte

un inmenso, grandioso mausoleo.

La imagino con hábito blanco.

Nácares el rostro, las manos, los cabellos.

En la garganta el último rezo,

apretado de divinos amores.

Las algas finas y suaves

—serpentinas de submarinas fiestas—

adornando sus ropas, tiernamente,

en ansiado hallazgo de columna humana.

El tiempo derribó la cruz de rústica madera.

El olvido dejó de colocar la luz de aceite

—humilde, temblorosa—

de todos los noviembres.

Ya no había flores, ni espigas.

Ni la oración en los labios

húmeda de sal y vientos.

El camino, los pasos, las visitas,

todo desaparecido.

Sobre los años sin recuerdo,

en total pérdida triste,

excavadoras, cimientos, construcciones,

polvo, ruidos...

«Por aquí estaba...» solo puede decirse

en imposible encuentro.

Qué importa a la intensa vida

material, ambiciosa, de los hombres,

aventar los restos de una desconocida religiosa

ahogada en un naufragio...

Entre la mar y el faro

un consolador destello de resurrección.

Reseñas y críticas

No hemos encontrado reseñas para este libro.